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1 mar 2013

Pedazo de mi corazón: Bajo la misma estrella.

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Fragmentos de Bajo la misma estrella, de John Green.


Prometo ponerme al día con sus blogs este fin de semana; he estado hasta el tope de  trabajos y ahora no tengo ni una sola mañana, tarde o noche libre en la semana. 
Mis disculpas.
¡Feliz fin de semana!

27 ene 2013

Pedazo de mi corazón: La química secreta de los encuentros.

—¿Por qué? ¿No es ésa su intención?
—Sí, por supuesto, pero ¿es la suya? No conoce todavía todos mis defectos. Quizá con el tiempo no los soporte.
—¿Y si no conociera todavía todas sus cualidades?
—Ah, en efecto, no había pensado en eso...  
Página 348.

—Pero, dado que odia a su padre por todo lo que le ha hecho sufrir a su madre, ¿por qué actuaría como él?
—Porque ver sufrir a mi madre me hizo comprender que, para un hombre, amar es recoger la belleza de una mujer, ponerla bajo llave para que ella se sienta bajo su protección, y quererla... hasta que el tiempo la marchite. Entonces los hombres se van a recoger otros corazones. Me hice la promesa de que si un día llegaba a amar, a amar realmente, entonces conservaría la flor y me prohibiría cortarla. 

Página 240.


Fragmentos de La química secreta de los encuentros, de Marc  Levy.


24 oct 2012

Pedazo de mi corazón: Fahrenheit 451.

No estabas allí, no la viste —dijo Montag—. Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar, para que una mujer se deje quemar viva. Tiene que haber algo. Uno no muere por nada. Página 65


—No se trata sólo de la mujer que murió —dijo Montag—. Anoche pensé en todo el kerosene que usé en los últimos diez años y pensé en los libros. Y por primera vez comprendí que detrás de cada libro hay un hombre que tuvo que pensarlo. Un hombre que empleó mucho tiempo en llevarlo al papel. Nunca se me había ocurrido. Montag dejó la cama.— Y a algún hombre le costó quizá una vida entera expresar sus pensamientos, y de pronto llego yo y ¡bum!, y en dos minutos todo ha terminado. Página 66.

                     
—El abuelo me tocó una vez. Como dije antes era escultor: "Odio a un romano llamado Status Quo" me decía. "Llénate los ojos de asombro, vive como si fueses a morir en los próximos diez segundos. Observa el universo. Es más fantástico que cualquier sueño construido o pagado en una fábrica. No pidas garantías, no pidas seguridad, nunca hubo un animal semejante. Y si alguna vez lo hubo, debe ser pariente del perezoso, que se pasa los días de cabeza abajo, colgando de una rama, durmiendo toda la vida. Al diablo con eso" decía. "Sacude al árbol y que el perezoso caiga de cabeza". Página 178


Fragmentos de Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.


11 ago 2012

Pedazo de mi corazón: La mecánica del corazón.

En esta oportunidad les traigo pequeños fragmentos del libro La mecánica del corazón, de Mathias Malzieu. Son las que más me han gustado.


-Volver al tiempo en que amaba sin estrategia, cuando me arrojaba de cabeza sin miedo a estrellarme contra mis sueños.

-…La época en que no tenía miedo a nada, en la que podría subirme al cohete rosa del amor sin abrocharme el cinturón.

-Me paso la noche intentando reparar mi viejo corazón de madera, y siendo el penoso chapuzas que soy, no lo consigo.

-Esta noche me acuesto con ganas de revolver entre los sueños y los recuerdos que guardo en la papelera del corazón.

-Sé que nos peleamos por culpa de Joe y de los celos, que arrojé mi corazón a la basura a fuerza de amarte, pero quiero volver a empezar porque te amo por encima de todo. He aquí lo que debería decir.

-Son insoportables la alegría y el dolor simultáneos.

-Me evaporo en la bruma pensando en Jack el Destripador. ¿Terminaré como él incapaz de lograr nada más que historias de amor con mujeres muertas?

-Es hora de que vuelva a empacar mis cacerolas de sueños.

-Me creía capaz de todo por ella, de pulverizar copos de luna para cubrir de brillo sus párpados, de no dormir nunca más hasta los trinos de los pájaros que bostezan a las cinco de la mañana, de atravesar la tierra para reunirme con ella al otro lado del mundo… ¿Y cuál ha sido el resultado?

-Mis sueños de adulto reciente se funden como copos de nieve en el fuego. ¡Qué estupidez color rosa es el amor!

-Si regresara a casa procuraría no aplastar esos sueños con mi cabeza pesada poblada de tantas preocupaciones de adulto.

-Pero no era más que un adolescente… Peor, un adolescente con sueños de niño, incapaz de no mezclar los sueños y la realidad para sobrevivir. 

-¿Cómo es posible que una pequeña muchacha pueda desajustarme el reloj con más intensidad que un asesino?

-La angustia teje una tela de araña en mi garganta, mi voz está atrapada. Me gustaría parecer fuerte, pero me derrumbo por todas partes.

16 sept 2011

Pedazo de mi corazón II

Esta vez les dejo un pequeño fragmento de El Retrato de Dorian Gray.

"-No se volverá usted a casar nunca, lady Narborough -interrumpió lord Henry-. Ha sido usted demasiado feliz antes. Cuando una mujer se vuelve a casar, es porque detestaba a su primer marido. Cuando un hombre se vuelve a casar, es porque adoraba a su primera esposa. Las mujeres prueban su suerte; los hombres arriesgan la suya.

-Narborough no era perfecto -exclamó la vieja señora.

-Si lo hubiese sido, no le hubiera usted amado, mi querida amiga -fue la respuesta-. Las mujeres nos aman por nuestros defectos. Si tuviésemos los suficientes, nos lo perdonarían todo, hasta nuestra inteligencia."

2 jul 2011

Pedazo de mi Corazón I.

Eh, ¿cómo andan? En esta oportunidad quise comenzar con la sección "Pedazo de mi corazón", donde colocaré fragmentos de libros que me hayan gustado mucho. En esta ocasión comenzaré con un fragmento de "El Principito", de Antonie de Saint-Exupéry. Me gusta mucho esta parte del libro, pues nos sirve como reflexión, al igual que muchas otras. Se las dejo:

"Al quinto día y también en relación con el cordero, me fue revelado este otro secreto de la vida del principito. Me preguntó bruscamente y sin preámbulo, como resultado de un problema largamente meditado en silencio:
—Si un cordero se come los arbustos, se comerá también las flores ¿no?
—Un cordero se come todo lo que encuentra.
—¿Y también las flores que tienen espinas?
—Sí; también las flores que tienen espinas.
—Entonces, ¿para qué le sirven las espinas?
Confieso que no lo sabía. Estaba yo muy ocupado tratando de destornillar  un perno demasiado apretado del motor; la avería comenzaba a parecerme cosa grave y la circunstancia de que se estuviera agotando mi provisión de agua, me hacía temer lo peor.
—¿Para qué sirven las espinas?
El principito no permitía nunca que se dejara sin respuesta una pregunta formulada por él. Irritado por la resistencia que me oponía el perno, le respondí lo primero que se me ocurrió:
—Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las flores.
—¡Oh!
Y después de un silencio, me dijo con una especie de rencor:
—¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen 
terribles con sus espinas… 
No le respondí nada; en aquel momento me estaba diciendo a mí mismo: "Si este perno me 
resiste un poco más, lo haré saltar de un martillazo". El principito me interrumpió de nuevo mis pensamientos:
—¿Tú crees que las flores…?
—¡No, no creo nada! Te he respondido cualquier cosa para que te calles. Tengo que ocuparme de cosas serias.
Me miró estupefacto.
—¡De cosas serias!
Me miraba con mi martillo en la mano, los dedos llenos de grasa e inclinado sobre algo que le parecía muy feo.
—¡Hablas como las personas mayores!
Me avergonzó un poco. Pero él, implacable, añadió:
—¡Lo confundes todo…todo lo mezclas…!
Estaba verdaderamente irritado; sacudía la cabeza, agitando al viento sus cabellos dorados.
—Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha 
mirado una estrella y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho más que sumas. Y todo el  día se lo pasa repitiendo como tú: "¡Yo soy un hombre serio, yo soy un hombre serio!"… Al parecer esto le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!
—¿Un qué?
—Un hongo.
El principito estaba pálido de cólera.
—Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los 
corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?
El principito enrojeció y después continuó:
—Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…" ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es importante!"
 
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